jueves, 6 de junio de 2013

RAYUELA.


< Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas. Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata, pero ya ves, en el fondo no nos encontrábamos. Me di cuenta en seguida (o no tanto, a fin de cuentas), pero las sonatas eran hermosas. >

<  - De manera que si consigo reunir suficiente heroísmo para plantarte esta misma noche o mañana, aquí no ha pasado nada. Vos seguirás leyendo novelas, irás mucho al cine, te pasearás con riesgo de tu vida en los peores barrios y las peores horas. Por supuesto que nos encontraremos mágicamente en los lugares más extraños, como aquella noche... ¿te acordás? >

< A mí me pareció que yo podía protegerte. No digas nada. En seguida me di cuenta de que no me necesitabas >

< Los chicos se tiran un poco de los pelos después de haber jugado. Debe de ser un poco así. Habría que pensarlo >

< Y no te hablo con las palabras que sólo sirvieron para no entendernos, ahora que ya es tarde empiezo a elegir otras: las tuyas >



< Me apasiona el hoy, pero siempre desde el ayer. Últimamente el pasado siempre está presente y el presente es un extraño y confuso futuro.
Hay que luchar contra eso.
Hay que reinstalarse en el presente >

Julio Cortázar.

lunes, 4 de marzo de 2013

Siempre volviendo de coloridas tarjetas postales.



Es carta de amor la que vengo a escribir.
Amor a la vida, amor a sus vueltas, esas que nos dan y nos quitan por nada. Amor a los pedacitos de vida paralelas que nos presenta, ya sea temporalmente o para siempre. A los placeres que nos da envueltos en papel de regalo. Amor a la comisura de sus labios que me fue prestada algún tiempo atrás.
Carta de amor al mundo por la infinidad de rincones que tiene por recorrer. Amor a los viajes que te vuelan la cabeza, que te encuentran con cosas nuevas, gente nueva, virtudes viejas.  
A la vida por mis amigos: los de hoy, los de ayer, los de siempre.
Amor a esas personas que sin conocerte se sientan a tu lado y te dicen lo que justo necesitas: "Hacé lo primero que sientas, lo primero que se venga a la mente… esa corazonada. Después viene lo racional y no siempre es lo que se necesita."
Amor a las palabras, son nuestra fuente más inagotable de magia. Capaces de hacer daño, como así también de sanar.
Amor a esa persona, a sus abrazos que dejaron marcas en tu piel de porvida, a sus sonrisas capaces de pintar la habitación en una milésima de segundo, a sus repentinos enojos, a su manera de ver al mundo, a su manera de amar, siempre a su manera. Amor a sus jeans rotos. Amor al precipicio de sus ojos que siempre me dejó caer. Amor a sus manos, a sus incontables lunares y al mundo que lo rodea. A esa persona que siempre será tu persona favorita, incluso cuando ya no esté.
Esta es carta de amor a mí, a mis innumerables defectos, a mis pequeñas pero valiosas virtudes. A mi vida, con sus mareos y sorpresas. Amor a mi manera de ver las cosas, que muchas veces me encegueció y otras me hizo crecer exponencialmente. Amor a mis sueños, y sobre todo al de querer estar siempre volviendo de coloridas tarjetas postales…
Amor a mi locura, esa que alguna vez te enamoró.








Y si alguna vez somos juzgados, no tengo duda, la pregunta será: ¿Cuánto has amado?