lunes, 8 de octubre de 2012

Aplausos al fin de semana.



Amanecer un viernes con un humor de perros. Bailar una hora y media en frente del espejo hasta apagar la cabeza. Bailar nuevamente en el bar que hace esquina para que llegue el que menos esperabas y te baje la noche al subsuelo del metro (bastardo)
Encontrarse con la mañana del nuevo día y la resaca del anterior. Perderse en las vagas calles porteñas un sábado a la noche con tres amigas como equipaje. Conocer al chico lindo (diez años mayor, mierda). Que el chico lindo te invite un trago (o unos cuantos) y a cambio te pida tu número de teléfono. Que después de algún que otro desliz con el chico lindo, lo dejes a medio pelo y te vayas sin despedirte. Cuando te estas subiendo al auto, que el mismo chico te mande un texto lamentándose que hayas dejado la pista sin siquiera un hasta luego.
Perderse de nuevo en las calles porteñas, pero ahora de regreso a casa.
Amanecer en stand by, anonada por todas las carcajadas que gastaste. Que te llamen las chicas, hay una casa que está sola. Domingo a la noche, la casa sola y cuatro monas haciéndole compañía. El vodka trucho hace que nos pongamos a rodar en la cama, el piso, la mesa…
El cuerpo pide time out. Pijamas, cucharita con Agustina.






¡Te has pasado finde! Ahora a armar las valijas.

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