viernes, 23 de noviembre de 2012

Viernes


Toda persona con uso de razón sabía que las horas estaban contadas. Sólo suenan canciones de cómo su forma de hombre encantador encajan perfectamente en la comisura de mis labios.
Mi teléfono suena en medio de la madrugada, algún que otro texto desordenado me salva del frío de la noche.
Y tal vez si me lo pides una vez más te deje quedarte descolocando mis sábanas este domingo por la mañana. Te quedarías hasta el café de las diez en punto para luego marcharte por la puerta de atrás, llevándote una despedida fría y una promesa de no volver jamás. Porque si me juego una vez más la boca acabaré perdiendo la razón, terminaré llevándote a cuestas o llamándote amor, y eso sería una putada para los dos.
Por eso te prometo que si me prometes que la mañana de domingo será como el recuerdo de no haberte conocido, puedes quedarte acostado al lado mío. Prometo que esta vez, si me dices ven, yo digo vale. Pero dí ven…


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