lunes, 4 de febrero de 2013

Sucede que hoy sucedes.


Hace algunos pares de días me preguntaron qué sucedía, y desde entonces no he dejado de preguntármelo a mí misma.
Sucede, principalmente, que no he visto sus ojos caramelo en más de ocho meses, ya que las casualidades que nos han vuelto a cruzar han sido realmente pocas.
Sucede luego, que hace tiempo mi cabeza no descansa en un hombro de verdad.
Sucede que esta noche me acosté pensando en los kilómetros que separan nuestras bocas y en lo mucho que el tiempo puede hacer. Soñé con un pasado que quería ser presente, lo que me hizo pensar que aunque soy feliz con los que están, añoro terriblemente a los que ayer estaban y hoy se han ido. Tengo tanto por delante y he dejado tanto atrás…
Sucede también que no he dejado de pensar en las cosas que hice mal, y en todo lo bueno que he hecho. Sucede que de veras pienso que todavía nos debemos un café, decirnos las cosas que nunca se dicen y siempre se necesitan.
Sucede que no quiero que vuelvas y no puedo soportar que estés tan lejos. Nunca estuve tan enamorada de mi vida como en este momento, pero tengo que admitir que aun así, solo a veces, pienso en ti.




Y si evalúo costo-beneficio me quedo con lo que tengo y los demás que se queden con mi pasado, que por algo el mundo los puso allí.

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